La sirtuina: la proteína milagrosa

Envejecer es una cuestión que preocupa a la inmensa mayoría de los mortales. Sin embargo el quid de la cuestión no está solo en el hecho de envejecer sino en cómo envejecemos. De ahí que cada vez que vemos a alguien que llega a los ochenta en plenas facultades, tanto físicas como psíquicas, solemos decir aquello de “ojalá y yo llegara así de bien a esa edad”.

Últimamente no dejamos de oír cómo enfermedades que mellan nuestras capacidades neurológicas y psíquicas atacan a unos y otros a edades cada vez más insospechadas. Y el hecho aterra. Perder la memoria, lucidez o cordura hace temblar a más de uno. Y es que las enfermedades neurodegenerativas están a la orden del día. Cada año se detectan 4,6 millones nuevos casos de Alzheimer en el mundo, donde se estima que en el 2050, 115,4 millones de personas sufrirán esta dolencia y otras demencias similares. En España, según la Sociedad Española de Neurología, la incidencia puede duplicarse en los próximos 25 años, al crecer la población de más edad –el alzheimer y las demencias afectan a uno de cada ocho mayores de 65 años y casi a uno de cada dos mayores de 85 años–. Eso sin tener en cuenta que el Alzheimer temprano es cada vez más habitual.

Afortunadamente cada vez son más los estudios que se llevan a cabo y parece que vemos una luz al final del túnel cuando nos cuentan que hay adelantos o descubrimientos al respecto.

La sirtuina es una de esas luces. Se trata de una proteína que consigue retrasar el envejecimiento en varias especies de animales, además de ser excelente en eso de mejorar la memoria y la capacidad intelectual. Actúa sobre las funciones de nuestro cerebro, entre las que se encuentran el aprendizaje y la memoria, porque mantiene la plasticidad sináptica. Una medicina capaz de realzar la plasticidad podría beneficiar a los pacientes con trastornos neurológicos.

Así lo ha demostrado un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), liderado por la profesora de Neurociencia Li-Huei Tsai, investigadora del Instituto Médico Howard Hughes. Además, han demostrado que se trata de una proteína excepcional por su potencial de vida útil y por su gran correspondencia con el resveratrol, un compuesto que se cree que es mano de santo para el rejuvenecimiento.

Obviamente no solo estamos hablando de “un rejuvenecimiento bello”, con el que desaparezcan las arrugas de nuestra piel, sino de un rejuvenecimiento mucho más profundo y más importante. Ojalá y dentro de algunos años (esperemos que no sean muchos) todos aquellos que padezcan enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson o la enfermedad de Huntington (comúnmente llamada el baile de San Vito) puedan tomarse una píldora tan milagrosa como la proteína sirtuina que haga desaparecer los síntomas de tales enfermedades, o, en su defecto, haga que su calidad de vida sea mejor durante más tiempo.

 

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